Cuando el entorno enmudece: consecuencias de la insuficiencia auditiva

La pérdida de oído es normalmente un proceso lento. En general lo perciben primero las personas cercanas antes que el afectado. Esta pérdida paulatina de oído afecta sobre todo a las personas de mayor edad. El cerebro tiene la tarea de interpretar lo escuchado. Pero si, debido a la pérdida auditiva, sólo llega al cerebro el 60 por ciento de la información, se ve obligado a adivinar o compensar el 40 por ciento que falta. Con la edad al cerebro cada vez le cuesta más realizar esa compensación.

Conscuencias sociales

Los estudios realizados han demostrado que las personas con pérdida de oído, que no utilizan audífono, se relacionan menos. Incluso hablar por teléfono y ver la televisión se convierten en una dificultad. Más de la mitad de las personas consultadas notan cierta soledad y una merma en la calidad de vida. Les resulta difícil concentrarse y sufren más estados de tristeza, ansiedad e intranquilidad. El uso de un implante les ayuda a mejorar sus relaciones dentro de la familia, tienen mayor autoestima, se sienten más independientes y seguros.

Consecuencias corporales

Entre las consecuencias físicas de una pérdida de oído no corregida se encuentran cansancio frecuente, agotamiento, dolor de cabeza y muscular, mareos, estrés, aumento de la presión sanguínea, trastornos del apetito y el sueño, así como indigestión. Además el cerebro puede "olvidarse" de oír, dificultando el tratamiento o corrección posterior.